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Lo mejor del libro como ganar amigos e influir sobre las personas

Esta es una obra con un título bastante sugerente. En suma, se trata de un libro con consejos prácticos cuya intención busca que tengas la seguridad para aprender, hablar en público y alentar a las personas a cambiar su comportamiento por el bien de todos. La idea de ganar amigos se asocia al hecho de que se trata de ser empático con los demás y de la misma forma, saber escuchar, y decir, lo que los demás desean escuchar. Bien, es una obra bastante completa y aquí te dejo, lo que personalmente considero es lo mejor del libro como ganar amigos e influir sobre las personas de Dale Carnegie.

De acuerdo con el autor, lo único que se necesita para aprovechar el conocimiento de su obra es contar con un profundo e impulsivo deseo de aprender y una vigorosa decisión de aumentar la capacidad para tratar con la gente. No debe olvidarse que el aprendizaje es un proceso activo, es decir, se aprende haciendo. Así que una vez que hayas revisado el libro, trata de poner en práctica lo aprendido y si no resulta lo que esperabas, hay que regresar a revisar el material.

Cuando leemos libros como este, es necesario tener en cuenta que no solamente se trata de adquirir información, sino que estamos intentando también formar nuevos hábitos. Tiene que ver entonces con emprender una nueva forma de vivir, lo cual requiere tiempo y constancia, además de poner en práctica lo aprendido.

Lo mejor del libro como ganar amigos e influir sobre las personas

Bueno, el libro tiene cuatro grandes apartados: 1. Técnicas fundamentales para tratar con el prójimo; 2. Seis maneras de agradar a los demás; 3. Logre que los demás piensen como usted y 4. Sea un líder o como cambiar a los demás sin ofenderlos ni despertar resentimientos. Cada uno de estos apartados, a su vez está integrado por un conjunto de reglas, que son bastante interesantes y en la mayoría de las ocasiones, simples. Sin más que agregar, aquí te dejo lo que considero es lo mejor del libro Como ganar amigos e influir sobre las personas. Asimismo, te recomiendo esta entrada de 10 libros indispensables para ser más productivo.

1. Técnicas fundamentales para tratar con el prójimo.

En esta primera parte, se ponen a la vista del lector un conjunto de estrategias prácticas que permiten relacionarnos con los demás. Así por ejemplo, se plantea que si observamos a una persona haciendo algo mal o algo incorrecto, el criticarlo realmente no funciona porque este se pone a la defensiva, y trata de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento.

Cuando tratamos con personas debemos recordar, que no tratamos con criaturas lógicas. Tratamos con criaturas emotivas, criaturas erizadas de prejuicios e impulsadas por el orgullo y la vanidad. En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla o tratemos de imaginarnos porque hacen lo que hacen.

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Ahora bien, ¿cómo podríamos hacer que una persona hiciera algo que deseáramos? La respuesta es muy sencilla, haciendo que la otra persona realmente quiera hacerlo. ¿Cómo hacemos eso? Sencillo, dándole lo que quiere. Así que, haga sentir a esa persona importante, no la critique y demuéstrele aprecio sincero.

De la misma manera, el único medio que disponemos para influir sobre las personas es hablar acerca de lo que ellos quieren, y demostrarles cómo conseguirlo. Se trata entonces de despertar en la otra persona un franco deseo.

2. Seis maneras de agradar a los demás.

Si quieres ganar amigos, interésese de verdad en ellos, y no busque que ellos se interesen en usted. Es decir, si nos limitamos a tratar de impresionar a las personas y de hacer que se interesen por nosotros, jamás tendremos amigos verdaderos. De manera simple, nos interesan los demás cuando se interesan por nosotros.

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De la misma forma, recuerde que la expresión de un rostro es más importante, que la ropa que nos ponemos. La gente que sonríe tiende a trabajar, enseñar y vender con más eficacia y criar hijos más felices.

Todo el mundo busca la felicidad. La felicidad no depende de condiciones externas, depende de condiciones internas. No es lo que tenemos o lo que somos o donde estamos o lo que realizamos, nada de eso, lo que nos hace felices o desgraciados. Es lo que pensamos acerca de todo ello. Así que simplemente sonría.

Una de las cosas que uno tarda en darse cuenta, es que la mayoría de las personas, se interesan más por su propio nombre que por todos los demás de la tierra. Por ello, es necesario que desarrollemos la capacidad para recordar los nombres de las personas, porque su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma.

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Ahora bien, otro aspecto que puede desarrollar es simplemente aprender a escuchar. Si, escuchar es tan importante en la vida cotidiana como en el mundo de los negocios. Vale pena mencionar que si quiere usted que la gente lo eluda y se ría de usted apenas le vuelve la espalda, y hasta lo desprecie, aquí tiene la receta: Jamás escuche mientras hablen los demás. Hable incesantemente de sí mismo. Si se le ocurre una idea cuando su interlocutor está hablando, no lo deje terminar, interrúmpalo, el (o ella) no son tan vivos como usted.

A la par de lo anterior, si quiere llegar rápidamente al corazón de una persona, háblele acerca de lo que más aprecia o le interesa. De la misma forma, trate siempre de que la otra persona se sienta importante. Para que la vida de una persona cambie totalmente, a veces simplemente basta con hacerla sentir importante.

3. Logre que los demás piensen como usted.

Una de las primeras cosas que tienes que hacer para lograr que los demás piensen como usted, es no discutir. Recuerde que nunca se gana una discusión, es así de simple. Es imposible porque, si se pierde, ya está perdida; y si se gana, se pierde. Si discute usted, y pelea y contradice, puede lograr a veces un triunfo; pero será un triunfo vacío, porque jamás obtendrá la buena voluntad del contrincante.

Asimismo, nunca diga a los demás que están equivocados, porque esto representa un golpe directo a su inteligencia, a su juicio, su orgullo y al respeto por sí mismo. Si va usted a demostrar algo, que no lo sepa nadie. Hágalo sutilmente, con tal destreza que nadie piense que lo está haciendo.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando usted se equivoca? Si es así, admítalo rápidamente y de manera enfática. Hay un cierto grado de satisfacción en tener el valor de admitir los errores propios. No sólo limpia el aire de culpa y actitud defensiva, sino que a menudo ayuda a resolver el problema creado por el error. Cualquier tonto puede tratar de defender sus errores -y casi todos los tontos lo hacen-, pero está por encima de los demás, y asume un sentimiento de nobleza y exaltación quien admite los propios errores. En suma, peleando no se consigue jamás lo suficiente, pero cediendo se consigue más de lo que se espera.

Si quiere que alguien cambie su forma de ser o de comportamiento, empiece en forma amigable. A nadie le gusta cambiar de idea, es decir, no se le puede obligar por la fuerza a que convenga con usted o conmigo. Pero es posible conducir a la otra persona a ello, si somos suaves y amables.

Vale la pena recordar, que cuando hable con alguien, no empiece discutiendo las cosas en que hay divergencia entre los dos. Debe empezar destacando -y siga destacando- las cosas en que están de acuerdo. Siga acentuando -si es posible- que los dos tienen el mismo objetivo y que la única diferencia es de método y no de propósito.

Al igual que como comentamos previamente acerca de no saber escuchar, la mayoría de nosotros, cuando tratamos de atraer a los demás a nuestro modo de pensar, hablamos demasiado. Por ello, es necesario dejar que sea la otra persona quien hable. Ella sabe más que nosotros acerca de sus negocios y sus problemas. Dejar hablar a la otra persona ayuda en situaciones familiares, así como en los negocios. La verdad es que hasta nuestros amigos prefieren hablarnos de sus hazañas antes que escucharnos hablar de las nuestras.

¿No tiene usted más fe en las ideas que usted mismo descubre que en aquellas que se le sirven en bandeja de plata? Si es así, ¿no demuestra un error de juicio al tratar que los demás acepten con toda fuerza sus opiniones’ ¿no sería mejor dejar que sean ellos quienes lleguen por sí solos a la conclusión? A nadie le agrada sentir que se le quiere obligar a que compre o haga una cosa determinada. Todos preferimos creer que compramos lo que se nos antoja y aplicamos nuestras ideas.

El buen éxito en el trato con los demás depende de que se capte con simpatía el punto de vista de la otra persona. Se coopera eficazmente en la conversación cuando uno muestra que considera las ideas y sentimientos de la otra persona tan importantes como los propios. Por ello, trata honradamente de ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.

Yo no lo puedo culpar por sentirse como se siente. Si yo estuviera en su lugar, no hay duda de que me sentiría de la misma manera. Una frase como esa suavizara a la persona más pendenciera del mundo. Y usted puede pronunciarla con toda sinceridad, porque si estuviera usted en el lugar del otro es evidente que pensaría como él. Las tres cuartas partes de las personas con quienes se encontrará usted mañana tienen sed de simpatía. Deles esa simpatía, y le tendrán cariño. La especie humana ansía universalmente la simpatía.

Por lo común la gente tiene dos razones para hacer una cosa: una razón que parece buena y digna, y la otra, la verdadera razón. La gente es honrada y quiere responder a sus obligaciones. Cada uno piensa en su verdadera razón. No hay necesidad de insistir en ello. Pero todos, en el fondo somos idealistas, queremos pensar en los motivos que parecen buenos. Así pues, a fin de modificar a la gente, apelemos a sus motivos más nobles.

Si lo anterior no da resultado, entonces es necesario estimular la competencia. No hablo del estímulo sórdido, monetario, sino del deseo de superarse. Identifique el factor principal que motiva a las personas, y a partir de allí, lance, con tacto, un reto amable.

4. Sea un líder o como cambiar a los demás sin ofenderlos ni despertar resentimientos.

No debe olvidarse que siempre es más fácil escuchar cosas desagradables después de haber oído algún elogio. Empezar con elogios es hacer como el dentista que empieza su trabajo con novocaína. Al paciente se le hace todo el trabajo necesario, pero la droga ya ha insensibilizado al dolor. Utilice esta regla cuando esté interesado en corregir a alguien: empiece con un elogio y aprecio sincero.

Ahora bien, previamente dijimos que no debiéramos criticar a las personas, pero si tiene que hacerlo, trate de llamar la atención de los errores de forma indirecta. La simple modificación de una pequeña palabra puede representar la diferencia entre el triunfo y el fracaso en cambiar a una persona sin ofenderla o crear resentimientos. Llamar la atención indirectamente sobre los errores obra maravillas sobre personas sensibles que pueden resentirse ante una crítica directa.

Admitir los propios errores, aun cuando uno no los haya corregido, puede ayudar a convencer al otro de la conveniencia de cambiar su conducta. No es tan difícil escuchar una relación de los defectos propios si el que la hace empieza admitiendo humildemente que también él está lejos de la perfección.

Si tiene que dar órdenes, mejor haga preguntas, esto no sólo vuelve más aceptables las órdenes, sino que con frecuencia estimula la creatividad de la persona a quien se le pregunta. Es más probable que la gente acepte con gusto una orden si ha tomado parte en la decisión de la cual emanó la orden.

Vale la pena mencionar que regularmente pisoteamos los sentimientos de los demás, para seguir nuestro camino; asimismo, descubrimos defectos, proferimos amenazas, criticamos a un niño o a un empleado frente a los demás, sin pensar jamás que herimos el orgullo del prójimo. Pero aun y cuando tengamos razón y la otra persona esté claramente equivocada, sólo haremos daño si le hacemos perder prestigio. Si este es el caso, permitamos quesea la otra persona quien salve su propio prestigio.

¿Cómo podemos estimular a las personas hacia el triunfo? Simplemente, hay que elogiarlos. Si minimizamos las críticas y destacamos el elogio, se refuerzan lo bueno que hacen las personas, mientras que lo malo se atrofia por falta de atención. Recuerda que a todos les agrada ser elogiados, pero cuando el elogio es específico, se lo recibe como sincero, no algo que la otra persona puede estar diciendo sólo para hacemos sentir bien. Todos anhelamos aprecio y reconocimiento, y podríamos hacer casi cualquier cosa por lograrlo.

¿Qué hacer cuando una persona que ha trabajado bien empieza a hacerlo mal? Se le puede despedir, pero eso no soluciona nada. Se le puede tratar con energía, pero eso por lo general genera resentimiento. Si quiere usted que una persona mejore en cierto sentido, proceda como si ese rasgo particular fuera una de sus características sobresalientes, es decir, atribuya a la otra persona una buena reputación para que se interese en mantenerla.

Al igual que en caso de entradas previas, esta es una obra amplia y muy interesante que vale la pena que revises de forma completa, si quieres aprovechar sus enseñanzas. De la misma manera, es un libro que te invita a leerlo más de una vez. Si quieres aprender más visitar la página oficial de Dale Carnegie.

Te recomendamos de igual forma, una entrada previa sobre el libro La Ligera Ventaja de Jeff Olsen. Y bien, ¿qué te ha parecido lo mejor del libro Como ganar amigos e influir sobre las personas? ¿Ya lo has leído? En caso de que la respuesta sea positiva, ¿has aplicado alguna de las reglas documentadas por Dale Carneggie? Déjanos un comentario al respecto.

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